Guardián

Ilustración: Monovampiro
Texto: Israel Alonso

La Fase 1 del proyecto Hyperion había sido un éxito. La idea principal en que se sustentaba bebía su inspiración de aquel ya casi olvidado clásico de la ciencia-ficción: generar inteligencias artificiales que fueran clones exactos de personalidades célebres de la historia. Las primeras pruebas, con las personalidades de Einstein, Alejandro Magno y Federico García Lorca, habían superado las expectativas. Se instó a las IA a responder una serie de preguntas y estas, desde el limbo digital de los ordenadores en los que vivían, desarrollaron respuestas que los historiadores interpretaron como acordes con las que habrían podido dar las mentes originales.

Nadie habría apostado por la Fase 2 del proyecto, por lo ridículamente caro que saldría llevar a cabo la hazaña pero, gracias a las fortunas personales de gente con más curiosidad que miedo, en Cádiz, en pleno año 2755, un laboratorio privado la había hecho realidad. A la espera de una aprobación que nunca llegaba, el prototipo permanecía en modo sueño.

Aquel uno de noviembre, la ciudad despertó mecida por el romper de las olas en una tranquila mañana de levante en calma. Las gaviotas competían con los drones de publicidad y los zepelines turísticos por un pedazo del radiante azul del cielo. La gente se dejaba llevar plácidamente por la micro-gravedad de los tubos de transporte, yendo y viniendo en sutráfago diario. Hasta que la vibración, surgiendo del propio suelo y haciendo cimbrear las estructuras de los edificios, sacó a los gaditanos de su idílica calma.

La información llegó segundos después a través de los implantes transductores: terremoto en Lisboa. 9 en la escala Richter.

Conforme los teletipos llegaban, los gaditanos sentían resucitar una terrible pesadilla que llevaban grabada a fuego en su subconsciente colectivo. Se activaron todos los protocolos de seguridad y la gente huía sin mirar atrás, al mar embravecido, que ya estaba lanzando lenguas de veinte metros contra la ciudad. La historia estaba regresando para terminar lo que en su día dejó a medias.

En el laboratorio, el científico al mando vaciló unos instantes, por las implicaciones éticas de activaruna IAcon pensamiento autónomo alojada en un robot autosuficiente. No sabía si el mundo estaba preparado, pero lo hizo.

A través de los canales de información, todo el mundo vio al héroe que cruzaba la ciudad a una velocidad sobrehumana, su piel metálica arrancándole destellos al sol. La cabeza, coronada por un yelmo que representaba la cabeza de un león, rastreaba el aire mientras su cerebro se sumergía en la red en busca de datos. El escudo, un generador de campos magnéticos de extremada potencia descartado por la industria militar por su elevado peso, por delante de su cuerpo.

Nadie habría sabido explicar por qué los historiadores habían pensado siquiera en recrear la inteligencia de un personaje mitológico. Pero ahora tenía sentido.

Cuando Hércules se paró frente a la Iglesia de la Palma, en el barrio de La Viña, y encendió el escudo colocándose en posición defensiva, todo Cádiz contuvo la respiración.

Ilustrado por

Monovampiro

Texto de Israel Alonso

Israel Alonso nace en San Fernando (Cádiz) en 1981. Aprendió a leer a muy temprana edad y comprendió pronto que quería estar al otro lado, así que se puso a contar historias. Y hasta la fecha no ha dejado de hacerlo (leer, compulsivamente, y escribir). Estudió cine en la Escuela de Cine de Puerto Real y en la actualidad su trabajo es dedicarse a la literatura tantas horas al  día como le sea posible. Como hobby trabaja doce horas al día por dinero.

Siempre se ha sentido cómodo en la ciencia-ficción y el terror, aunque también ha coqueteado con la fantasía y el humor. No en vano, es coautor de la que probablemente sea la primera novela de ciencia-ficción ambientada en Cádiz, «Nosequé Nosecuántico», en la que la comedia y la cuántica se dan la mano. Ha participado con sus relatos en diversas antologías, como «Demonalia», Cazador de Ratas (2015) o «Supermalia», Ed. El Transbordador (2015). En 2016, su ucronía «La misma lluviadz fue seleccionada para la antología «Visiones 2016», que promueve la AEFCFT (Asociación de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror).

En la actualidad trabaja en un libro de relatos de ciencia-ficción dura integrados en una ambientación de creación propia.

También trabaja, junto a Nieves Delgado, Antonio González Mesa, Miguel Santander y Juan G. Mesa en la ambientación «Exilium». israelalonso.es

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