Hercules Vs Los mitos de Cthulhu

Ilustración: Flores
Texto: Jose Luis Vidal

¡Escuchad, simples humanos! Esta es la narración secreta, que sólo se ha conocido en susurros y nadie se ha atrevido, hasta ahora, a desvelar. Temblad ante la más difícil tarea encomendada al mayor Héroe que nunca existió, ¡Hercules!

La diosa Hera, empozoñada por el propio veneno de odio que su vacío corazón destilaba, se hallaba en el abismo de la desesperación y la locura, incapaz de idear un trabajo, una titánica labor que borrara del mapa al hijo bastardo de su amado Zeus. Fue entonces, como una negra nube que amenaza tormenta, cuando un pensamiento terrible cruzó su mente. Tan horroroso fue que un incontrolable temblor se hizo dueño de su ser, mientras una espantosa sonrisa cruzaba su, hasta entonces, estoico, rostro. – Siiiií, este será tu seguro final, Hercules maldito-

Susurro con una voz que parecía la de una serpiente…

No fue sencillo encontrar a una bruja que conociera la elaboración de la fórmula, un pasaje a otro mundo, muy lejano a éste, pero a la vez cercano. Un lugar al que sólo se podía acceder mediante los sueños, un pasaje onírico que llevaba directamente a ese otro reino, cuyos monarcas acabarían con la existencia del Héroe.

La parte más sencilla del plan fue verter unas pocas gotas de la poción en la comida de Hércules, que rápidamente fue a parar a su barriga. Pocos minutos después, una arrebatadora somnolencia se hizo con él, que pensó que tras un duro día de trabajo y aventuras, era lo más lógico. Casi sin percibirse, Hércules durmió un sueño negro, oscuro, sin destino hasta que, pasados unos minutos que parecieron horas, abrió los ojos y, sorprendido, contempló que la negritud continuaba. Se encontraba mirando hacia un cielo sin estrellas, en medio de una gran llanura de piedra oscura, que parecía volcánica. Su vista se fue acostumbrando al paraje y poco a poco fue vislumbrando unas ciclópeas y extrañas edificaciones que parecían haber sido diseñadas por un arquitecto loco. Se sintió pequeño, minúsculo ante aquellos imposibles edificios que, aparentemente, no contenían vida.

Justo en ese momento un leve susurro llegó a sus oídos, un incomprensible cántico que fue elevando el tono hasta ser un grito. Extrañas ¿palabras? Se salmodiaban, desconocidas para él. Tan sólo pudo rescatar el impío principio del cántico: Iiiaaaaa… Iiiaaaa…͟ repetían una y otra vez.

Comenzó a sentir una fuerte presión en su cabeza y notó, por fin, una presencia a sus espaldas. Al darse la vuelta se encontró frente a frente con el Horror con mayúsculas. Un indescriptible ser, oscuro, gigantesco, del que solo pudo distinguir una letal boca llena de tentáculos y unas enormes alas de murciélago que provocaban un ciclón cada vez que las movía.

Pero ése solo fue el principio de aquel terrible aquelarre. Uno tras otro, grotescos monstruos fueron surgiendo de los rincones más inesperados: Jorobados, sin rostro, con garras. Indescriptibles seres que habían estado durmiendo durante eones hasta la inesperada irrupción de Hércules.

Pero si había algo que no existía en el corazón del Héroe era el miedo, así que agarró con fuerza su garrote y comenzó una de sus más grandes batallas, contra estos Eternos Innombrables… Nadie sabe cuánto tiempo ésta duró, la oscura sangre que se derramó. Tan solo que tras darse cuenta de que por mucho que los golpeara y arrancara miembros, los monstruos se regeneraban una y otra vez. Así que en el fragor de la batalla recordó una frase que su madre Alcmena le repetía una y otra vez cuando era pequeño: «Oh, hijo mío, pellízcame, hazme salir de este maravilloso sueño en el que te he recibido a ti como regalo…͟»

Rodeado por las enormes criaturas, Hércules posó una rodilla en la tierra y soltando el garrote se pegó un gran pellizco en el brazo izquierdo.

Y regresó la oscuridad…

Pero esta vez, cuando volvió a abrir los ojos, se encontró en su camastro, en su hogar, a salvo.

Comenzó a reír como un poseso, alegre por estar de regreso.

Cuentan que en los salones del Olimpo resonaban los furiosos y terribles gritos de Hera, cuyo rencor había sido aplastado por el más grande de los Héroes, ¡HÉRCULES!

Ilustrado por

Flores

Texto de Jose Luis Vidal

Guionista, documentalista especializado en cómics y gestor cultural.

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